Nilda y su calle en el barrio
Nació el 16 de enero de 1947 en Santa Fe. Tuvo 3 hijos: Luis Marcelo, Valeria Mariana y Nicolás Ernesto. Docente en la escuela parroquial N° 196 Santa Rosa de Lima. Militante de Juventud Peronista y las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias).
El 11 de abril de 1977, un grupo de las “fuerzas de seguridad” intenta secuestrar con vida a la viuda de Luis Ismael Silva (ver su registro). Se trata de Nilda Noemí Elías. Ambos eran referentes del Movimiento Villero Peronista (MVP) de Santa Fe y militantes montoneros.
Al verlos llegar a la casa del Pasaje Liniers 4538, (también barrio Santa Rosa de Lima), ciudad de Santa Fe, de civil, armados y en patota, Nilda los enfrenta y es muerta por sus agresores. Tenía 30 años. Había llegado hasta ahí para ver a sus hijos que estaban al cuidado de la abuela. Para ella como para tantas otras mujeres y compañeras de agallas, podrían repetirse las estrofas de esa hermosa canción que dice: “Mi tumba no anden buscando, porque no la encontrarán, mis manos son las que van en otras manos tirando. Mi voz la que va gritando, mi sueño el que sigue entero, y sepan que sólo muero, si ustedes van aflojando. ¡Porque el que murió peleando vive en cada compañero!”
¡Ah, me olvidaba…! Ese Pasaje Liniers ya no se llama más así. Los habitantes del barrio lo rebautizaron con los nombres de “Pasaje Luis y Nilda Silva” en homenaje a estos dos compañeros, que dieron la vida por la liberación nacional y social de nuestra Patria. Hay más; Osvaldo Silva rememora: “`’Quiero enseñar catecismo me dijo’. El pedido fue corto, seguro, sin rodeos. La miré. Tenía 16 o 17 años. La recuerdo menudita, más bien baja, bien proporcionada, con ojos oscuros e inteligentes, rostro en triángulo, con una sonrisa entre simpática y picaresca. ¿Podrás entenderte con los chicos?, le pregunté. ‘En un año me recibo de maestra’ me contestó. Quedé sorprendido. En el barrio Santa Rosa (Santa Rosa de Lima, barrio sabalero, reducto de la afición futbolística de Colón de Santa Fe) del año ’66, era casi imposible encontrar a un joven cursando el secundario y de pronto me encuentro con alguien que está por recibirse de maestra. ‘Aquí hay voluntad, firmeza y determinación’ pensé. Se integró al grupo juvenil y allí afloró su pasión por el trabajo social.
No era de aquellas personas que anhelan abandonar el barrio en post de una promoción individual. Su voluntad era promocionarse con la gente del barrio, comunitariamente. Se entendía por promoción, el ascenso humano a través de la educación y la lucha por la vida digna. Esto es importante para entender el compromiso de Nilda. Por eso fue maestra en la escuela parroquial y dirigente vecinalista, en la vecinal que ayudó a fundar, la ’12 de Octubre’.
Eligió ser maestra en los grados radiales de la escuela, en la zona más desamparada del barrio. Yo diría, una zona marginada, dentro de un barrio marginado. Allí junto con Luis ejerció su trabajo social. Lucha por el loteo, vivienda, trabajo, dignidad de vida. Esos eran los objetivos”. Con respecto al momento de su muerte, agrega: “Dos autos con vidrios polarizados entraron al barrio. Era de noche. Bajaron hombres con armas en las manos, rodearon la casa y se parapetaron detrás de los árboles.
¡Tanto aparato, tanta cobardía para acorralar a aquella joven que diez años antes me había dicho ‘quiero enseñar catecismo’! Nilda no huyó, no suplicó, no pidió clemencia. Simplemente enfrentó el momento supremo de toda vida humana con la convicción y certeza de lo vivido. Atravesó la puerta de calle, y allí, delante de sus tres hijos, la fusilaron”. El cadáver de Nilda fue llevado a la morgue del hospital Iturraspe y fue devuelto a sus familiares por una gestión de Monseñor Vicente Zaspe.
En la foto que ilustra esta reseña está Nilda con Luis Silva. En el año 2018, Germán Ulrich publicó un libro sobre la madre de Nilda que lleva el nombre de aquella: “Otilia. Crónicas de dolor, rebeldía y lucha”. Y con anterioridad, Raúl Beceyro, luego del exilio de una década en Francia, ya de vuelta en Argentina, confeccionó el cortometraje “La casa de al lado”, una ficción que hace mención a lo sucedido en aquel barrio. También existe un mural que la recuerda junto a su compañero Luis. La ya mencionada hija de Nilda, de nombre Valeria Mariana, que perdió a su papá a los cuatro años, es militante de la agrupación HIJOS y se reconoce clasista: “Los peronistas me dicen troska y los troskos me tildan de peronista” y se ríe con ganas.
Roberto Baschetti
Como lo mencionan desde ATE Santa Fe en cuanto al reconocimiento de desaparecidos en el ámbito urbano, como la Ordenanza N° 10601 de agosto de 2000: “Pasaron muchos años desde la recuperación de la democracia para que se reconociera a las y los militantes asesinados por la dictadura. Los primeros homenajes que dejaron marca institucional en Santa Fe fueron la placa por lxs desaparecidxs en la Facultad de Ingeniería Química de la UNL en 1996, a los 20 años del inicio de la dictadura y la denominación por Ordenanzas Municipales de 2000 y 2001 de pasajes en los barrios San Lorenzo y Santa Rosa de Lima como María Isabel Salinas, Carlos Bosso y Luis y Nilda Silva”.
En una nota publicada por el diario Uno Santa Fe sobre la hija de Nilda y Luis, Valeria con su abuela, la recordada Otilia, Madre de Plaza de Mayo de Santa Fe, la hija de los militantes de Santa Rosa de Lima recordaba en el Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia de 2018.
«Por mi historia personal, no necesité que nadie se sentara a explicarme qué era un desaparecido o qué había pasado con mis padres. De hecho, del asesinato y desaparición de mi papá (el 11 de abril de 1976 en Morón, provincia de Buenos Aires) me enteré por boca de mi mamá y el asesinato de ella lo viví de cerca», comenzó a relatar en diálogo con UNO.
Y siguió: «Nosotros estábamos en Chaco cuando mi mamá recibió el llamado de un compañero de mi viejo que le avisaba que se lo habían llevado. En ese momento yo tenía tres añitos y no sé lo que pensé. Solo recuerdo que ella viajó para ver si podía encontrarlo y que mi abuela vino a buscarnos y nos trajo a Santa Fe, al barrio Santa Rosa de Lima, donde pronto nos asentamos y hasta nos inscribieron en la escuela».
Allí fue donde llegó también al poco tiempo Nilda, su madre, quien sería más tarde otra víctima del brutal genocidio que 42 años más tarde sigue enlutando la historia de nuestro país.
«Mi mamá era maestra y un día decidió ir a hablar con las nuestras para ver cómo íbamos en la escuela, algo que quizás determinó lo que pasó después, porque se dejó ver y evidentemente la estaban buscando», comentó Valeria.
«Una noche nos tocaron la puerta y entraron abriendo fuego. Mis abuelos pidieron permiso para retirar a mi hermanito que era bebé y se lo dieron. Uno, dos, tres, fuego… es la imagen que tengo presente, como también la de mi mamá, saliendo con las manos en alto antes
de ser asesinada», agregó la joven, quien detalló: «Es por todo esto que digo que mi conocimiento de la historia, de lo que realmente pasó, es distinta a la de los demás».
Lo mismo cree que le pasó a sus hijos, nietos de desaparecidos, quienes al igual que ella se criaron yendo a marchas, reuniones y encuentros donde los términos «dictadura», «verdad» y «justicia» son moneda corriente; y donde los relatos de las víctimas y sus familiares muestran mucho más de lo que puede encontrarse en cualquier libro.
«A ellos, creo que les fui contando la historia más con acciones que con palabras. Ya que al igual que a mí me pasó con mi abuela, que muchas veces me llevó a las reuniones de madres (de Plaza de Mayo), tanto en Santa Fe como en Buenos Aires, a mis hijos les pasó igual», aseguró, al tiempo que puntualizó en que fueron algunas charlas y reacciones de ellos los que la hicieron darse cuenta de lo que le había tocado vivir.
«Tengo en la memoria a mi hija, con seis años, abrazándome con lágrimas en los ojos después de hacerme varias preguntas sobre el tema y diciéndome «pobrecita mamá, qué feo lo que te pasó»», dijo y agregó: «Ese momento fue para mí como la revelación de lo terrible que era todo, porque sucedía que yo siempre había repetido la historia como loro, pero ver a mi nena me golpeó distinto».
(https://www.unosantafe.com.ar/santa-fe/el-relato-una-hija-desaparecidos-n2116562.html)
Por su parte, SADOP Santa Fe ha realizado numerosos actos de recordación de Nilda, entre ellos la colocación de una placa que la recuerda en la plaza frente a la escuela parroquial donde daba clases.
En 2015 en su web el gremio de docentes privados de Santa Fe mencionaba en una nueva recordación del día del maestro: “ Nilda fue docente en aulas radiales de la escuela parroquial del barrio donde vivía, Santa Rosa de Lima, en la ciudad de Santa Fe. Fue una de las impulsoras junto a otros vecinos de la creación de la vecinal «12 de Octubre» y junto a su compañero, trabajaron incansablemente por las mejoras del barrio: el loteo, la vivienda, la luz y las condiciones de vida de la gente. Luchó con profundas convicciones por un mundo más igualitario e inclusivo. En abril de 1977, durante la última dictadura cívico-militar, la mataron salvajemente en la puerta de su casa en presencia de su madre y sus tres hijos”. (https://santafe.sadop.net/2015/09/15/nilda-elias-presente-ahora-y-siempre/)
Respecto de los partícipes materiales del operativo en el que dieron muerte a Nilda, en 2014, la Justicia Federal avanzaba con una causa en Santa Fe.
El sitio web de LT 10 AM 1020, radio UNL, se publicaba bajo el título “Por un caso de 1977, detuvieron a 14 militares en Santa Fe”, acerca de este juicio y las detenciones ordenadas por el juez federal: “El juez federal Reinaldo Rodríguez ordenó la captura de catorce militares y policías y diecinueve indagatorias, en una causa acumulada del terrorismo de estado que investiga la masacre de once militantes políticos y el secuestro y torturas de otros cuatro. Fuentes judiciales dijeron que siete represores ya fueron detenidos, mientras se espera el traslado de los demás desde Buenos Aires y Mendoza, en las próximas horas. Uno de ellos se presentó de manera espontánea y quedó preso: es el comisario Luis Alberto Bellini, ex jefe de la Unidad Regional I, condenado por la represión a los trabajadores bancarios que resistieron la privatización del Banco Provincial de Santa Fe, en marzo de 1996, frente a la Legislatura. La causa se conoce con el nombre de una de las víctimas, Nilda Elías, referente del Movimiento Villero Peronista y fusilada delante de sus tres hijos y de su madre, Otilia Acuña, en el barrio Santa Rosa de Lima, en abril de 1977. Acuña es madre de Plaza de Mayo. Otro de los crímenes impunes que se investiga es el de «Pica», Héctor Marcelo Acoroni, un militante de la Juventud Peronista, ejecutado en enero de 1977, que estuvo 35 años como NN en el cementerio de Santa Fe y recién fue identificado en setiembre de 2012”.
(https://www.lt10.com.ar/noticia/125530–Por-un-caso-de-1977-detuvieron-a-14-militares-en-Santa-Fe)
Otilia Leoncia Acuña falleció en Santa Fe, el 1° de octubre de 2024, a los 104 años. Desde el asesinato de su hija, en la puerta de su casa y en su presencia, luchó de manera pacífica e incansable por los derechos humanos. Fue Madre de Plaza de Mayo en la ciudad de Santa Fe, y como tal, siguió su reclamo de justicia por la ejecución de Nilda en el mismo barrio donde vivió hasta su último día, Santa Rosa de Lima.
