Barrio Santa Rosa de Lima

Todos los tiempos tienen huella viva en el Oeste

Con sus muertos y desaparecidos en la época del Terrorismo de Estado, con sus perseguidos y presos y también con sus protegidos y salvados. Con Otilia, La negrita o Ramonita sus Madres de Plaza de Mayo. Con muchos que creyeron ayer, en “Liberación o Dependencia”, o el Socialismo y el Che. Aquella consigna que los lleno de esperanza desde los últimos años de los 60 y en el 72, 73, 74, 75. Con su solidaridad escondida del hombre nuevo a riesgo de su propia vida, en duros tiempos represivos. Todo el arco político de expresiones reformistas, progresistas y revolucionarias camino lo desparejo de sus veredas y encontraron arraigo. La guerrilla transitó sus calles eran los “tupamaros” decían los más viejos en sus confusiones. Vivió entre ellos, hasta le pusieron “22 de Agosto” a la calle principal de Santa Rosa de Lima, en decisión de sus habitantes en Agosto de 1973. Inundó con su algarabía los trenes que fueron a Ezeiza, la mayor movilización popular en la historia argentina y volvieron con todos los dolores. Avanzaron, retrocedieron y volvieron siempre. Despidieron una mañana a su cura insignia, a Catena amenazado por las Tres “A” (“Alianza Anticomunista Argentina”). O como cuando  la verde milicada separaba sobre los límites de las vías, apuntaba sus ametralladoras para el bajo y no solo pedía documento, sino que hacían mostrar las manos para ver si tenían callos del trabajo y el morocho investigado, era el morocho que decía.

Asesinaron a Nilda Silva, hija de Otilia, desarmada, desprevenida, comprometida y militante de sus ideas montoneras y su barrio, de sus hermanos, de sus niños. Porque ella era maestra del sacrificio. A su compañero lo desaparecieron en Buenos Aires.

La tierra del Oeste absorbió su sangre y sigue estampada en las paredes, en las esquinas, no para ser recordada solamente, sino como la necesidad de muchas Nildas, y de muchos jóvenes como el Negrito Silva, que debe recobrar sus vidas, de su trabajo social, de la construcción de la Vecinal, de las casas para todos, de su hermoso fervor de cosas simples. La que reivindicamos y queremos desde su imagen, de esos sueños no olvidados que renacen bajo nuevos signos.

Sus asesinos siguen aún después de treinta años, a espera de juicio, hasta se dieron el lujo, su principal culpable el ex coronel Rolón, de evitarlo por ficha médica de que ya no comprendía. Por lo que debería haber sido juzgado mucho antes sino hubieran existido las leyes de Obediencia Debida y Punto Final.

Ramonita sigue allí, en Barranquitas, con su familia de laburantes y simplezas, con su lengua aguda y su firme recuerdo cuando nos habla de su Estela como si estuviera junto a ella, con los pequeños retazos que salvó de la inundación, con su nieta apegada que crió como una hija más, pero con toda la verdad de su madre que desapareció en la ESMA.

La Negrita alcanzó a no inundarse, pero fue de las solidarias, la barrera fue la avenida que impidió que el agua llegara con profundidad hasta su casa. Esta vieja hecha de hierro, una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo de Santa Fe, no sabe de renuncias. Peleó contra vientos y mareas, para saber el paradero de su hija ciega y su yerno también ciego, secuestrado y desaparecido en la ciudad de Rosario bajo las garras de Feced, el sanguinario comandante de gendarmería, como jefe de policía. Puesto por los mandos superiores del II cuerpo de Ejército, para ser su Cancerbero. No sólo se llevó la vida de los jóvenes, sino también se quedaron con la casa por muchos años. Se apropiaron de todo, de la sodería el camión y los muebles, no dejaron nada. Y hasta se desconoció el derecho de propiedad, de esa casa que la Negrita cuenta y describe aún hoy como se al describió a su hija y a su yerno que no veían, para saber lo que compraban. Luchó por veinte años. Osvaldo Bayer conoció la historia de la voz valiente del periodista Carlos Del Frare y la ayudó desde la contratapa de Página 12, para llenar de vergüenza a la justicia que tardó demasiado en reconocer el robo de la vida y la casa. Hoy y ayer, tras una memorable caminata que le devolvió a Iván, aquel niño de tres años que vivió el secuestro de sus padres, la casa y la verdadera historia. Hoy esa casa a pocas cuadras del parque de la Independencia, es la Casa de la Memoria y Centro Cultural. La Negrita no tiene desperdicio cuando dicen en su testarudez, “a lo poco mucho, a lo mucho poco”, así debe darse vuelta la tortilla para que se iguale.

Así todo con su pasado entreverado de calmas y mordazas, de lucha y solidaridades, de decenas y centenares, de resignados y de rebeldes el Oeste le dio el nombre al único levantamiento popular que tuvo la ciudad en 1972, contra la Dictadura de Lanusse, “El Manzanazo”, cuando detuvieron un tren que llevaba manzanas, este hecho daría su significancia. Luego de las jornadas anteriores de lucha de los trabajadores municipales, acompañados de estudiantes secundarios y universitarios. El Manzanazo fue el fruto de un entreverado medio año de luchas contra la carestía de los alimentos y la inflación, en la necesidad de lucha por los salarios y adobado y condimentado con el levantamiento estudiantil secundario que culminó con una victoria inolvidable. Con el “medio boleto estudiantil” otorgado, luego de que millares de gurises ganaron las calles durante un mes y medio y no tuvieron otro remedio que darlo a regañadientes. Sabiendo que esta conquista haría mella en todas las comunidades estudiantiles de Argentina. Bajo todas estas condiciones el pueblo santafesino se animó a una pueblada que duró casi 24 horas.

Cuando al mediodía entraron los verdes militares por las avenidas, la lucha se refugió en el Oeste. Durante toda una tarde y una noche la policía no pudo entrar por ningún lado, tiroteados sus patrulleros, cortadas sus calles tirando árboles abajo, pagarían años después con rigurosos operativos militares su osadía. Pero así, toda su gente, nunca delató a nadie, y varios sobrevivientes pasaron los años terribles viviendo allí, con otros nombres, protegidos por sus vecinos, avisándoles cuando venían los operativos, o llevándolos a los bañados del Salado, para que aguantaran. La gente sabía que algo pasaba, porque estos ñatos nunca salían del barrio, aunque los vinieran a buscar en carroza.

Uno de ellos hoy es abogado en otra provincia y en su eterno agradecimiento, por haberse salvado dentro del Oeste, defiende gente pobre en otra provincia, como la del Oeste.     

Jorge Castro
“Verdades locas contra impunes mentiras”
Santa Fe – 2011

FUENTES BARRIO SANTA ROSA DE LIMA

Diario El Orden – (Hemeroteca de la Provincia)

Diario Santa Fe – (Hemeroteca de la Provincia)

Diario El Litoral

“La Modernidad en la ciudad de Santa Fe 1886-1930” – Felipe Cervera – 2012

http://www.santafe.gov.ar/hemerotecadigital/articulo/portada/

«Alma de Barrio» – Programa de LT10 Radio Universidad de Santa Fe

Banco de Imágenes Florián Paucke (http://gobierno.santafe.gov.ar/archivo_general/florian_paucke/)

http://www.santafeciudad.gov.ar/noticias

“Barrio Roma y Constituyentes” – Miguel Ángel Dalla Fontana – 2004

www.canoa.org.ar

www.santafeciudad.gov.ar

Jorge Castro – “Verdades locas contra impunes mentiras” – Santa Fe – 2011

Diario Uno Santa Fe

Zazpe, el obispo que habló cuando otros callaban

https://www.ellitoral.com/index.php/id_um/185146-inauguran-la-mediateca-la-cumbia-en-el-barrio-santa-rosa-de-lima-area-metropolitana.html

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