La creciente de 1905 y Colastiné

PUEBLO COLASTINE 1905 - BANCO FLORIAN PAUCKE

La gran inundación en Colastiné

Como espacio insultar, fluvial, costero, Colastiné y su puerto de ultramarinos vivió afectado por las milenarias crecidas. Brazo del Paraná, el arroyo Colastiné se escinde al norte del puerto en un espacio donde el río padre del sur se abre en dos brazos para sortear una gran isla, en el que el curso oeste desemboca en el arroyo que finaliza pocos kilómetros después, de nuevo el río mayor.

Inmerso en el valle aluvial del Paraná, Colastiné vivió sometido a las inundaciones. De todas las crecidas desde la construcción del puerto, y de la ocupación poblacional desde entonces del albardón costero, la inundación de 1905 es, hasta el 2024, la más grande.

Muchas historias se recuerdan de aquella crecida en la ciudad de Santa Fe, cuando el agua dejó solo al descubierto el casco fundacional histórico, la plaza mayor, las iglesias y el cabildo, mientras que el puerto de cabotaje, hasta los alrededores de la estación Francesa, la Plaza España, estuvieron con canoas por las calles.

Don Ángel Menichini, memorioso vecino que escribió varias historias de la ciudad de antaño para los medios impresos de Santa Fe, en particular el diario El Litoral, publicó en los setenta, ya anciano, un pequeño libro de relatos con sus “Memorias de tiempos idos”. 

Viejo puente sobre Laguna Setubal destruido en 1905

En ese impreso existen varias historias, anécdotas, de Colastiné, y entre ellas, una detallada descripción del desolador panorama que arrasó con el paraje, y el puerto, en aquel 1905.

PUERTO COLASTINÉ EN 1905

Ya van varios meses de incertidumbre. La creciente comenzó al finalizar 1904. En abril de 1905 las aguas se mantenían altas. En Colastiné Sur sólo han quedado unos pocos comerciantes al cuidado de sus pertenencias para defenderlas de las depredaciones de los piratas del río.

La mayor parte de los trabajadores han pasado a los puertos del sur. Goboto, San Martín, Borghi y Rosario, donde continúa la exportación de cereales, rollizos y extracto de quebracho. Otros se han refugiado en la Guardia Nueva, Colastiné Norte o San José del Rincón. El vapor de la Comisión de Auxilios día por medio recorre estas zonas trayendo vivieres (en especial, pan, carne y harina de maíz) y la palabra de aliento a los damnificados.

Mayo, el mes del descenso de las aguas, no ha favorecido esta vez. El río ha estado amenazante. Al comenzar junio llega la noticia que alarma. En Puerto Aguirre el alto Paraná crece por metros. Entonces la autoridad policial, representada por don Gregorio Uriarte, urge a los vecinos para que se refugien en la loma donde está ubicada la azotea de la familia Villaverde, parte alta de la Guardia Nueva. Los damnificados se han ubicado en sus habitaciones, o en carpas cedidas para ese fin formando un campamento compuesto por más de cien personas. Se instala allí una especie de olla popular a cargo de don Sebastián Leyes, que hace las veces de cocinero, secundado por los muchachos que al comenzar el día prestan ayuda cazando patos, biguás y otros palmípedos salvajes que en la noche hacen su dormidero en la panadería de don José Mir, en cuyo horno se refugian por encontrar una parte seca en toda esta desolación.

Otros chicos con canoas recogen frutas en los naranjales inundados o retiran troncos de árboles y muebles que viene a la deriva, depositándose aparte para combustibles o a disposición de la autoridad.

El día 12 sobreviene un ciclón trayendo la angustia a los refugiados que contemplan impotentes la tragedia de la familia de don Agustín Tollori, cuya vivienda de madera ubicada al sur es azotada sin piedad por un oleaje. En el momento más crítico el jefe de familia tiene una inspiración: Pide auxilio por medio de una bandera roja formada por una caña y un trozo de tela de ese color, que agita desde una ventana. Señal que es captada por la tripulación de un vapor inglés cargado con rieles y atracado en el puerto. Se baja un bote que, impulsado por cuatro remos acude en socorro de la familia en apuros, logrando que la misma se ubique en la embarcación; enfilan hacia el río y rema agua arriba a favor del viento hasta que éste decrece. Luego giran aguas abajo para atracar junto al vapor donde reciben atenciones. Después trasbordan a un vaporcito de cabotaje que se ocupará de hacerlos llegar a Santa Fe.

Los refugiados en la Guardia Nueva están reunidos en consejo. El agua sigue subiendo y la situación se hace crítica. El 15 sólo emerge del agua una hectárea de tierra. Se esperará hasta el 16. Si el agua vuelve a subir todos se embarcarán en un lanchón y canoas a Entre Ríos. 

Felizmente ese día el día no varió. Pero el vapor de la Comisión trae graves noticias. El día 15 los camalotes acumulados sobre el puente carretero de la Boca de la Laguna lo han destruido. Queda la esperanza de que seguirá intacto el ferroviario de nivel más bajo. Pero a los pocos días al descender el agua surge la clara realidad. Ha sido destruido por la avalancha.

No hay otro recurso que construir uno nuevo que se hará un kilómetro más al norte, pero cuya obra demandará varios meses.

En enero de 1906 comienzan a correr los trenes sobre el Setúbal trayendo productos para la exportación y también familias de los evacuados. Algunas no han regresado, acobardadas por el desastre y han buscado nuevos horizontes.

PUEBLO COLASTINE 1905 - BANCO FLORIAN PAUCKE
PUERTO COLASTINE 1905 - BANCO FLORIAN PAUCKE
PUEBLO COLASTINE 1905 - BANCO FLORIAN PAUCKE
PUERTO COLASTINE 1905 - BANCO FLORIAN PAUCKE

Esa tarde los que regresan trabajan activamente reparando lo que el agua ha dejado, remendando paredes, y reclamando pisos y renovando ranchos muy averiados. Limpiando malezas para ahuyentar víboras y sabandijas traídas por la corriente.

Al caer las sombras de la noche y después de la cena todos se reúnen en la costa para aprovechas las brisas del río. Aparece el nuevo director de la escuela fiscal, que se sienta con ellos y los va animando con su palabra de aliento, recordándoles que sólo ha sido un instante de prueba y que con voluntad todo se recuperará, ya que se está gestando un año de porvenir y progreso, un gran movimiento en el comercio y trabajo que originará beneficios para todos.

La mente se concentra en la constelación celeste que tienen adelante y que les habla de muchos mundos repartidos en la inmensidad del firmamento. Luego se despiden amablemente deseándose una buena noche para gozar del reposo que ayude a afrontar los nuevos días.

Al clarear ya están de pie. Los obreros estiban rollizos en las bodegas de las naves. Otros transportan bolsas de granos que embarcan en los vapores. Una locomotora con un convoy de cereales al llegar el pueblo hace sonar el silbato. Le responde le pito de un vapor de ultramar que está entrando al puerto. Una fuerte brisa del sur ha hecho encrespar las aguas del río y su oleaje pareciera que entonara un canto. Un sentimiento de optimismo y gran voluntad se ha apoderado de los que han vuelto al lugar nativo. 

Ángel Menichini

“Memoria de tiempos idos” (Colmegna, Santa Fe, 1979)

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La creciente de 1905 y Colastiné

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