Más de 200 años de La Guardia del Brigadier
Dentro de la historia de los barrios isleños de la ciudad de Santa Fe resalta como el más antiguo el Distrito La Guardia, antes de Colastiné, de Alto Verde, de El Pozo.
En la época de la colonia, mucho antes de mayo de 1810, existía en la zona insular santafesina el poblado de San José del Rincón. Pero luego, en el camino intermedio entre la ciudad y los pagos rinconeros, cuando Santa Fe luchaba por su independencia provinciana, se estableció un puesto de defensa en el este. Así como estaba la fortificación en la zona de “El Paso”, al otro lado del río Salado, o el fuerte de Añapiré al norte del casco poblacional, por el naciente crecía como atalaya de la autonomía “La Guardia” de Estanislao López.
Este paraje estaba ubicado contra uno de los recodos del riacho Santa Fe, canal de agua entre el Colastiné y el río Paraná que permitía acceder a las bajadas y el afamado Campito, en la vera del colonial caserío. Ese camino de agua, pero también por tierra si no había crecidas, era un paso casi obligado de aquellos que navegando por el río Paraná quisieran arribar a la ciudad.
Por este motivo, la relación del Barrio La Guardia con la lucha Federal de los santafesinos es directa. Su sentido de creación, como fuerte y asiento de una guardia de soldados, fue de la mano con las intenciones autonomistas provincianas contra las pretensiones porteñas del centralismo que invadió Santa Fe varias veces.
Rinconeros, más algunos dragones del Brigadier, más los paisanos del lugar, tuvieron en La Guardia el punto de encuentro y el mangrullo elevado para escudriñar el horizonte fluvial y desde allí dar aviso a la ciudad de los avances invasores desde el este. Esa Guardia fue la primera trinchera de pelea entre arenales y arroyos.
Y fue ese origen, costero, federal, invencible, el que impregnó de sentir santafesino las calles de arena de La Guardia, las cumbreras de los ranchos, los tapiales, la proa de las canoas pescadoras. A lo largo del tiempo, con su devenir como lugar de paso, camino a Rincón, o más allá por la Teófilo Madrejón hacia la Costa; o camino al puerto de Colastiné, y luego, hacia Paraná, por el Túnel Subfluvial, su ubicación también tuvo como rasgo distintivo a la industria de la cerámica relacionada a la construcción.
Greda, arroyo, anegadizo, atalaya, camino, moldearon la característica particular del barrio insular más antiguo de la ciudad. Desde la antigüedad el barrio ahuecó en su arcilla milenaria la historia de los antiguos pobladores aborígenes y sus enseres.
Desde inicios del siglo XIX, cuando comenzó a forjarse la “Provincia Invencible de Santa Fe” estampada en la bandera tricolor, aparece en la neblina del alba la figura Brigadier Estanislao López, mientras tranquea con su bayo cabos negros por los senderos de arena hasta llegar con perennes huellas hasta el fortín santafesino de “La Guardia”.
El fortín de La Guardia de López
La Guardia nació el 12 de octubre de 1819 como una fortificación que estableció Estanislao López luego de su ascenso como gobernador a partir de la acefalía por la Revolución del 14 de Julio de 1918 que desencadenó en la renuncia de Mariano Vera como gobernador y su exilio a la Bajada del Paraná para evitar un enfrentamiento armado. Gracias a esta revuelta, López, con el apoyo de las milicias rinconeras, tomó finalmente el poder por reconocimiento popular al ser el Comandante de Armas de la provincia.
Para 1819 la zona de La Guardia pertenecía a San José del Rincón. Fue en ese octubre de 1819 cuando el Brigadier López instaló la guardia fortificada para vigilar el paso del enemigo por el Riacho Santa Fe, forma de llegar por agua desde el río Paraná a la ciudad. El fortín se ubicó en la zona donde para el 2024 quedaban las ruinas de la fábrica Alassio, según relatos de viejos vecinos que vieron los restos de la empalizada de la fortificación.
Esa “Guardia de López”, daba aviso a la ciudad del ingreso por el riacho de naves enemigas, primero por una posible intentona de Vera, luego de los propios aborígenes no reducidos de la costa, y al mismo tiempo, de los porteños y sus incursiones para dominar Santa Fe. De ese pasado se desprende la historia del nacimiento y el nombre del Distrito La Guardia, paraje costero que fue conocido primero como “Rincón de Abajo”, pero que luego se transformó simplemente en el barrio “La Guardia”.
Las fábricas y la urbanización
En un plano de la zona realizado por el agrimensor Chapeaurouge en 1903 la zona de La Guardia aparece con dos grandes propietarios, y en su parte central, como tierra fiscal. Algunos terrenos coinciden en el ángulo que hoy se encuentra urbanizado dentro del recinto de defensas y que pertenecía en parte al Banco Territorial y Crédito, subsidiaria de la empresa Ferrocarril Santa Fe. Más hacia el oeste aparecen en el plano de 1903 los terrenos de Pedriel (con una construcción graficada), de M Leiva, M Molina, y hasta la orilla de la curva del riacho, un predio de Puig, y luego otro campo a nombre de Freire y Aguiar, y uno más de Andrada, que incluiría a la Bajada Distéfano.
Para 1928 se instaló la importante fábrica de los Hermanos Alassio, que comenzó con la producción de ladrillos, tejuelas y baldosas, y que después se especializó en los productos de gres cerámico vitrificado y sin vitrificar.
En esos años fue cuando La Guardia comenzó a poblarse de manera más ordenada, pero siempre por familias de la costa. Así lo repasa Marta Rodil en su libro “Puerto Perdido” donde recupera el testimonio de Don Viñas, vecino de La Guardia desde 1930, que mencionaba a mediados de la década de 1990: “en este distrito que estamos eran diez, doce ranchos contaditos las familias. Ranchos de adobe, de ladrillo crudo. Después fue creciendo la población. Ahora en este pueblito solo, solito, juntando las cuatro Guardias somos diez mil personas y las casas de material. La otra parte prácticamente se está perdiendo, quedó bastante aislada porque se hizo un puente a mayor altura que el pueblo. Si viene el agua tapa todo”. («Puerto Perdido» – Marta Rodil – Centro de Publicaciones, Universidad Nacional del Litoral, 1994)
Luego Viñas detallaba eso de las “cuatro Guardias”, o como se la conocía en los tiempos posteriores al cierre definitivo del puerto Colastiné: “Le explico. Hay cuatro Guardias ahora: 19 La Guardia vieja, de allá de Colastiné Sur. Sus vecinos fundadores fueron Leandro Sosa y José Freyre entre los principales. 2) La otra que queda por los Pedriel, gente casi nativa, de los primeros que fueron a vivir allí aparte de los Ercola y Freyre. 3) La Guardia fundada por Ángel y Antonio Depetre (Del Petre sería) que eran dueños de todos estos terrenos, gente de la alta sociedad de Santa Fe. Y 4) La Destéfano, frente al antiguo chalecito del ferrocarril, que es la que está despareciendo”.
De aquí se desprende que frente a la luego nombrada Bajada Distéfano se ubicó un apeadero del ferrocarril Santa Fe, o Francés, que luego de cruzar la desembocadura de la Setúbal (donde quedaban para 2024 los pilotes en el norte de Avenida 7 Jefes) seguía por El Pozo hasta una amplia curva para llegar al Puerto de Colastiné.
En ese predio se desprendía un ramal hacia el norte, para San José del Rincón, que a su vez tenía otra bifurcación en la zona de Colastiné Norte que se acercaba hasta el río. Para ubicarlo en el Tercer Milenio, el derrotero de las vías, en el barrio de Colastiné, se ubica por la lonja de terrenos y casas sobre calle Nuestra Señora de Guadalupe.
Justamente, con el final del puerto de Colastiné llegó el final del ferrocarril, que en realidad fue anterior por la caída del puente sobre la Setúbal en marzo de 1926 por la creciente y los embalsados. Si bien don Viñas menciona a Marta Rodil que era 1928, puede haber sido un error de los años dado que el puente ferroviario estaba en proceso de reconstrucción en ese tiempo.
Sin embargo, si da una visión de lo que representaba para la zona la presencia anterior del puerto y los trenes como generadores de trabajo y arraigo al lugar: “Aquí en La Guardia paraba frente a lo de Andrés Copello donde todavía se ve algún vagoncito. Si usted se fija en las primeras casas de La Guardia va a ver el chalecito que era del ferrocarril. Y de la Estación Colastiné queda el disco, allá por donde está el Club de Casa y Pesca. En Rincón la parada se llamaba San José del Rincón”. Y sobre lo que significaba como fuente laboral don Viñas contaba: “Todos los de aquí trabajaban en el puerto. En changas para cargar y descargar los vagones. Era una fuente de trabajo segura. Los changarines sacaban (<<sacar>> por cobrar) en dos días lo que otros en un mes de trabajo en fábricas o empleos municipales Antes la situación era difícil pero mi padre ganaba bien”. («Puerto Perdido» – Marta Rodil – Centro de Publicaciones, Universidad Nacional del Litoral, 1994)
En 2002, para el programa radial “Alma de Barrio”, que por el 2024 se emitía por LT10 AM 1020, un antiguo vecino daba precisiones sobre aquella fábrica al periodista del especio Juan Manuel Fernández.
La historia referida por el cronista radial repasaba por los micrófonos de la Universitaria: “Don Guillermo Largiau, vecino, trabajador y gremialista de La Guardia laburó primero en la fábrica de Anichini y se destacó como dirigente del gremio de la cerámica. Don Guillermo Largiau empezó a trabajar en el año 1949, cuando tenía 14 años, y aquellos años, La Guardia era casi un polo industrial. Había cuatro fábricas de productos cerámicos. Estaba la fábrica Anichini, la Alassio, Cerámica El Litoral, y la de Fabinco (que después cambió varias veces de dueño).
Según cuentan, entre todas las fábricas daban empleo a unas 210 personas de La Guardia, Rincón y Santa Fe. Sin contar los 8 o 9 hornos de ladrillos que ocupaban más o menos unas 12 personas cada uno. La importancia de las industrias hizo que en La Guardia se conformara una filial del SINDICATO OBRERO CERAMISTA Y PRODUCTOS VITREOS, que tuvo a Don Largiau como primer secretario general. Ya en el ocaso de la industria ceramista de La Guardia, en los años 70, Don Guillermo protagonizó junto a sus compañeros de Anichini la toma de la fábrica”. (“Alma de Barrio” – LT10 AM 1020 – octubre 2002)
Otro dato interesante lo constituye una carta de lectores publicada por el diario El Litoral en la que Enzo De Petre hacía referencia a la primera urbanización de La Guardia. Según contaba este ex profesor de la Escuela Industrial, “la primera urbanización en el distrito fue realizada en abril de 1942 y confeccionado por el agrimensor Felipe J. Argento, por disposición del propietario de los terrenos Antonio De Petre. Este loteo de La Guardia comprendía 9 manzanas individualizadas con números y con 7 calles públicas identificadas con letras”.
Según De Petre, por ordenanza municipal N° 5.138 del año 1963, se impuso el primer nombre a la calle que se llama Avda. Antonio De Petre, quien fue propietario de los terrenos loteados. Enzo además decía en su carta de lectores que se debería tener en cuenta en la denominación de las calles a Teresa Passon, quien donó en nombre de su extinto esposo el terreno para la iglesia parroquial Nuestra Señora de La Guardia y San Antonio de Padua, mujer que también donó al gobierno provincial una fracción de terreno para instalar la unidad sanitaria y otra para el destacamento policial. Cabe mencionar que también Antonio De Petre, esposo de Teresa Passon, donó del predio para la construcción de la escuela Gral. Juan Apóstol Martínez.
La referida unidad sanitaria funcionaba antes en una local inadecuado, al decir de la crónica de El Litoral en 1972. El medio refería entonces que el gobierno provincial comenzaba a dar respuesta a los pedidos de las familias de La Guardia con la construcción de un local en un predio lindero con la capilla. “La comunidad de La Guardia, en base a intenso trajinar, contando con donaciones privadas y oficiales, ha conseguido levantar un local que cuenta con ambientes para consultorio, sala de espera, baños, etc. Falta colocar las aberturas, los pisos que han sido donados e instalar los baños con elementos adquiridos”. (El Litoral – 2/4/1972)
Como espacio costero, y no ubicado sobre un albardón precisamente, La Guardia sufrió las crecidas con anegamientos importantes hasta la construcción del anillo defensivo por el sur y el oeste, que completó lo hecho desde la Ruta Nacional Nº 168. Por ejemplo, en 1977, el barrio se inundaba y no había forma de evitar que la calle principal de acceso quedara cortada, pese a los intentos de protegerla con “terraplenado y acordonamientos de esa arteria, defensas que se vieron superadas por el agua. Pese a ello no se ha interrumpido el tránsito de personas y vehículos por tratarse de piso arenoso”, decía el vespertino local. (El Litoral – 27/2/1977)
El barrio/distrito creció al pulso del poblamiento además de la zona costera. Con los tiempos que se desarrollaron desde mediados del siglo pasado se conformaron instituciones, clubes, formas de organización de la sociedad civil.
En un repaso de ese crecimiento Julio Monsi, en su Facebook Ecos Culturales de Santa Fe, mencionaba que luego de los años 30’ “En las décadas siguientes, las instituciones deportivas proliferaron en la zona, aunque muchas tuvieron corta vida debido a la falta de fondos para sostenerlas. Entre ellas, los vecinos que suman más años en el distrito recuerdan al Club Alassio, el club El Descanso, La Guardia Fabril, el Club Martín Güemes –el único del barrio que llegó a participar de la Liga de Fútbol–, el Club Eva Perón, el Club Los Angelitos y la cancha Defensores de La Guardia, entre otras. Del trabajo social también se encargan entidades intermedias, como el Centro Comunitario La Guardia o la asociación civil De lo Nuestro, lo Mejor”. («Ecos Culturales» – Julio Monsi)
Otro de los rasgos distintivos de La Guardia lo constituye el Taller de Cerámica, surgido el 28 de mayo de 1960 por iniciativa de la Municipalidad de Santa Fe y que recupera la tradición alfarera de los pueblos originarios, luego de los costeros, pero en especial la calidad de arcilla del lugar para la tarea de moldear y cocer el barro como artesanía o como enseres cotidianos.
Calles de arena, tiempos modernos
Por el lado de las calles de arena, los nombres de las arterias interiores al barrio tienen denominaciones relacionadas a sus vecinos y a la propia historia de La Guardia. La primera ordenanza, la Nº 11.115 de 2004, estableció que “a inquietud de habitantes de dicha zona, proponiendo nombres de vecinos destacados fallecidos”, se dispusieron los siguientes nombres: Urbano Pedriel, Nemesia Cáceres, Benedicto Díaz, Teodora González, Felipe Caito, Enrique Ucedo, Mafalda Franco, Antonio Freire, Víctor Lucca, Manuel Anichini, Alassio, Padre Mario Mendoza, Hermana Ceferina Boaglio, Domingo Figueroa, Estanislao López, Roberto Moyano, Profesor Alfredo D’ Auria, Aguiar, Carlota Soria, Eligio Campos, Ana Reda.
Sobre cada uno de ellos, el Concejo Municipal detalla:
Urbano Pedriel: Hijo de un oficial del ejército de Justo J. de Urquiza y fue comisario de islas.
Nemesia Cáceres: Dama que se dedicó a obras de beneficencia y organizaba socialmente las procesiones. En su poder se encontraron cartas de Ricardo Aldao, Pascual Echagüe y J. M. Zuviría.
Benedicto Díaz: Hizo el primer horno de ladrillos, reactivando una fuente de trabajo a los lugareños.
Teodora González: Dama que bautizó a su hija en el año 1.937 siendo la primera en el “Acta de Bautismo” y firme trabajadora social.
Felipe Caito: Primer enfermero que atendía en su domicilio porque no existía un dispensario.
Enrique Ucedo: Comisario que ejerció en forma recta y solidaria sus funciones reinando el orden, la justicia y la paz en su jurisdicción.
Mafalda Franco: Cantante folclórica llamada “La Paisanita” que compartió escenario con grandes artistas como Orlando Vera Cruz, René Aráoz entre otros.
Antonio Freire: Lugareño más viejo.
Víctor Lucca: Primer inmigrante italiano.
Manuel Anichini: Fundador de la fábrica de cerámica que trajo mucho progreso al barrio.
Alassio: Dueño de la primera fábrica de caños de Santa Fe.
Padre Mario Mendoza: Primer sacerdote de La Guardia que en sus comienzos celebraba la misa en la escuela.
Hermana Cerafina Boaglio: Primera monja de La Guardia.
Domingo Figueroa: Donó el terreno y construyó con otros habitantes la capilla “Nuestra Señora de La Guardia”.
Estanislao López: En homenaje al creador del puesto de vigilancia en donde surgió el nombre de La Guardia.
Roberto Moyano: Director de la delegación municipal, fallecido en 1.998 que fue muy querido, porque ayudó mucho junto con su personal durante la creciente de 1.998 en proteger con ahínco las defensas y en mejorar el barrio dentro de sus posibilidades.
Profesor Alfredo D’Auria: Primer director del Taller de Cerámica que depende del Liceo Municipal.
Aguiar: Lugareño más viejo de la manzana.
Carlota Soria: Primera directora de la escuela Nº 941 de La Guardia.
A La Guardia llegaron en los 90’ las defensas costeras que dejaron como si fuera un gueto al Distrito para protegerlo del agua. Luego, con esa seguridad hídrica, llegó el hipermercado mayorista que cambió definitivamente la fisonomía del paraje.
Así, un lugar que fue centinela de la ciudad en la época del Brigadier López cambió primero la silueta del guardia vigilando el Paraná por el obrero de las fábricas de caños cerámicos, y luego por el repositor de estanterías. Es decir, de la lucha por la autonomía provincial al trabajo con las manos en la greda, para terminar en la economía de mercado, como punto de venta de gran escala.
Sin embargo, dicen los vecinos más viejos que en los amaneceres, se puede ver cómo se cruzan la silueta de un dragón del brigadier que deja su guardia con la silueta de un obrero de la fábrica Alassio, que va a cubrir su turno, es solo cuestión de saber mirar…
