Fotos e Historias del Barrio del Puerto

El edificio del Puerto

          Emblemático, de cara al dique 2, la construcción que albergó la administración del Puerto de Ultramar de Santa Fe permanece, todavía como sede, en este caso del Ente Administrador de la zona portuaria, pero además, como museo de esa ciudad fluvial, de barcos, cargas y estibadores.

            Fue la misma empresa constructora del puerto la que proyectó y levanto el edificio. Su característico reloj, en la torre erguida a tal fin, marcó el pulso del arribo y partida de los buques, de las sirenas y silbatos de los convoyes. En su frente, todavía, se conserva el empedrado original de adoquines. El aspecto general es el de antaño, cuando en vez de vehículos transitando hacia el casino o shopping cercano, pasaban por su frente vehículos de carga y un sinnúmero de trabajadores portuarios, operarios, marinos. Muchas veces hasta autoridades desfilaron por su frente, por ejemplo el Presidente Juan Domingo Perón en una recorrida en barco por el río Paraná que lo hizo recalar en Santa Fe.

          En el trabajo del relevamiento del patrimonio arquitectónico de la ciudad realizado por la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UNL, se menciona sobre este edificio, que logró sobrevivir a la piqueta y las transformaciones lúdicas o mercantiles del Tercer Milenio: “Este edificio se compone a partir de una planta simétrica, con un ingreso jerarquizado constituido por una escalinata que conduce a una pequeña loggia, disponiéndose sobre el eje del frente al ingreso, la escalera. Desde este punto central se desprenden dos pasillos que dan acceso a una doble fila de habitaciones, con un planteo similar en las dos plantas que lo integran”.

            Desde su balcón, de frente al sur, la vista del dique debe haber sido única. Atiborrado el muelle de buques, de guinches trabajando sobre los rieles, y en forma paralela, las formaciones de carretones y vagones en las vías, trasbordando cargas. Obreros hombreando bolsas en la estiba. Mezcla de voces en distintos idiomas. Banderas diferentes ondeando en los navíos. Y allá en el final, el casería de Alto Verde. Postal de otro tiempo que ha quedado en viejas fotos de la Santa Fe portuaria y fluvial.

 

 

El Correo

            Construido bajo un proyecto elaborado en 1954, y culminado en 1959, el edificio del Correo Central, ocupado por varios organismos públicos nacionales y provinciales en diversas etapas, permanece en la manzana recortada por Avenida 27 de Febrero, Mendoza, Rivadavia y la cortada Falucho.  Inicialmente el espacio fue cedido a la Administración Central de Correos en 1953. La inauguración de la mole, destacada frente al puerto de Santa Fe, data del 25 de mayo de 1959, cuando se trasladó el Correo que estaba en la esquina de Moreno y 25 de Mayo, donde hoy funciona la Facultad de Ciencias Económicas de la UNL.

          Con un diseño arquitectónico de postguerra, que influenció edificios similares en otras grandes ciudades del país, el Correo Central santafesino se expresa “bajo un signo de modernidad y eficiencia”, al decir del estudio realizado por la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UNL. Adaptado a sus funciones específicas, sus dependencias, hasta con un taller para el mantenimiento de vehículos de transporte y distribución. Hoy varios de sus espacios están compartidos entre la empresa Correo Argentino y la Administración Provincial de Impuestos (API), incluso en un tiempo, en los últimos pisos albergó a Radio Nacional Santa Fe, LRA 14, en el 540 del dial de amplitud modulada y en frecuencia modulada. Se tramita también su transferencia de la jurisdicción nacional a la provincial para su puesta en valor y recuperación, dadas las evidentes necesidades de mantenimiento que presenta el edificio.

 

 

El Parque Alberdi

         Ciertamente la metamorfosis de la ciudad con los terrenos ganados al río con la construcción del Puerto de Ultramar en 1911 vino a dar lugar a espacios relacionados a la mega infraestructura fluvial. Limitado por las calles Rivadavia, Tucumán, 27 de Febrero y Falucho, se encuentra el Parque Alberdi, desprendimiento arquitectónico urbanístico de lo que fuera el Parque Escolar, espacio verde que en sí mismo llegaba hasta Mendoza, incluyendo a la manzana que ocupa el edificio del Correo Argentino, incluso hasta la plazoleta Blandengues. Era el lugar donde las escuelas primarias de la ciudad enviaban sus alumnos para la práctica de deportes. Según el trabajo de la Facultad de Arquitectura de la UNL contenía “…un gimnasio cercado por postes y alambres, construyéndose con posterioridad una casilla prefabricada donde funcionó la escuela de canillitas”.

          Un memorioso que puso en letras de molde sus recuerdos sobre el “Parque Escolar” fue Juan Fernández y González “El Bachiller”. En su publicación “Historias de mi ciudad”, rememoraba que como alumno de la Escuela Rivadavia concurría una vez por semana con sus compañeros a las clases de gimnasia al “Parque Escolar” que dictaba “…un hombrecillo muy atildado y muy serio. Que daba la clase deportiva con vestido de calle. Con cuello duro y corbata…”. La actividad física más esperada por aquellos niños era jugar al fútbol. “No veíamos la hora de que terminara la inocente sesión de ejercicios para ir a correr la N° 5 en algunas de las canchas del Parque Escolar. Bueno, eso de la número 5 es un decir, ya que solíamos conformarnos con pegarle de punta y plancha a un desastrado bolito de badana. Cuando no a una vejiga de vaca que habíamos conseguido por generosidad de Gargatagli, carnicero del Mercado Norte”.

          De paseo por esas huellas de la historia en la zona del hoy Parque Alberdi, “El Bachiller” recordaba “¡Oh tiempos del Parque Escolar!… Cuando abandonábamos el parque, por el portón que estaba donde hoy se halla el monumento a la Madre, ya cayendo sobre la ciudad las primeras sombras de la noche íbamos en pandilla a curiosear desde la puerta de algunos bares ubicados frente a la plaza Colón… (más conocida como Plaza de las Palomas)”.

"Plaza de los Sapitos", al fondo el Parque Alberdi - Julio Monsi

        No mucho después, a fines de la década de 1930, bajo la intendencia de Francisco Bobbio, fue que el parque comenzó a construirse en 1939 y se inauguró sólo un año después, cuando adquirió su nombre definitivo como Parque Alberdi. Se trató de un proyecto más integral, elaborado por el Departamento de Obras Públicas bajo la dirección del Arq. Leopoldo Van Lacke, donde se incluyó además la rectificación de Avenida Rivadavia y la ampliación del entonces Banco Municipal, hoy edificio del Liceo Municipal. Originalmente el parque contó con veredones y diversos jardines, más una plataforma circular central, con un mástil, pedestal y pérgolas. Además poseía varias canchas para para juegos, espacios que ya no existen.

          El Parque Alberdi trasuntó por varias modificaciones, la más importante para su extensión fue en 1948, cuando se segrega la manzana destinada al edificio del correo, acción que definitivamente escinde la plazoleta Blandengues. Ya para 1956, con el parque remozado, se implanta la escultura “Alma sin hogar”, que remite a un niño en situación de calle, recostado en un banco de una plaza con un perro, y que bien viene a traer a la memoria aquella Escuela de Canillitas que funcionó en ese mismo lugar por un breve período y que era a su vez un hogar de día para los chicos más pobres vendedores de diarios. Otra de las esculturas incorporadas es el monumento a la madre, que forman parte del patrimonio arquitectónico del espacio.

        En los últimos años el Parque Alberdi fue nuevamente remozado, con la incorporación de nuevos y modernos juegos de plaza para niños. Ya en el tercer milenio, la autorización municipal permitió la construcción de una serie de cocheras de estacionamiento subterráneo, una obra privada que despertó la movilización de sectores sociales vinculados al medio ambiente.

Gran Parque Escolar dedicado a la educación física de los alumnos de instituciones educativas de la ciudad, ubicado frente al Nuevo Puerto de Ultramar en terrenos ganados al río, circa 1912. Fuente: GUIDOTTI VILLAFAÑE, E. La provincia de Santa Fe en el primer Centenario de la Independencia Argentina. Buenos Aires, Rosso, 1916. Atlas Histórico de la Ciudad de Santa Fe 1887 - 1945

 

 

Elevadores de granos

         La construcción de esta mole, en donde antes nacía el arroyo Quillá, marcó la época de oro de cargas de agrograneles en el puerto santafesino. Vestigio hoy vacío de un tiempo de expansión y de inversión estatal en materia de obras de infraestructuras, al igual que otros elevadores ubicados en la vera del Paraná, o del Río de la Plata en el puerto de Buenos Aires, en este caso en Santa Fe su construcción data de un plan promovido desde el Gobierno Nacional en el final de 1935.

       Según el relevamiento de la FADU, su formato fue tomado de instalaciones portuarias similares ejecutadas en Estados Unidos. Justamente, el elevador de granos (y acopio de cereales y oleaginosas) fue el último de esa zaga. Su construcción se inició en 1940 pero diferentes dificultades, económicas principalmente, dada las restricciones comerciales y de movimiento naviero impuesto por la Segunda Guerra Mundial, dilataron su finalización. Así, recién el 27 de diciembre de 1952, luego doce años, fue inaugurado y puesto en servicio, con el nombre de “Eva Perón”, en el marco del segundo gobierno peronista.

           “El partido funcional se estructura en tres sectores: acopio, manipuleo y expedición, éstos se diferencias formalmente, destacándose en gran medida el acopio, constituido por setenta y dos monumentales cilindros que conforman un bloque horizontal en contraste con la torre de manipuleo”, refiere el trabajo de la FADU. En la parte donde se manipulaba el grano se lo secaba, limpiaba para su almacenaje o previo a su embarque, en el muelle paralelo. Grandes estructuras aéreas, servían de transporte de los granos, que de este modo, eran volcados directamente en las bodegas de los navíos. Cabe consignar que hasta los elevadores el cereal llegaba o en vagones de tren, o en camiones, especialmente en la última etapa de su trabajo, que se prolongó con alguna agonía hasta principios de los años 90.

     Su capacidad de almacenaje ronda las 50.000 toneladas, en tanto que tiene una posibilidad operativa anual de 500.000 toneladas. Mientras se podían descargar diariamente hasta 6.500 toneladas, unas 7.000 eran posibles de embarcar al mismo tiempo en 24 horas. Tiene dos kilómetros de vías, con doble trocha, donde podían operar simultáneamente hasta 150 vagones cargados. (El Litoral 27/12/1952)

      Lo cierto es que con la preeminencia y crecimiento de los complejos portuarios del sur provincial, con el cambio de modalidad de comercialización y exportación privada de la producción agrícola, los elevadores de Santa Fe quedaron como depósito transitorio cuando los elevadores de los puertos del conglomerado rosarino se saturaban de granos. Así, algunos buques Panamax, cargaban en parte sus bodegas, que luego completaban el sur provincial.

     Ya en la mitad de la segunda década del nuevo siglo, los elevadores de Santa Fe siguen como atalaya a metros del poder político de la ciudad, pero sin actividades de carga de granos. En los estudios previstos de traslado del puerto a canal principal del río Paraná esta infraestructura quedará definitivamente obsoleta y ociosa. Tal vez, al igual que con los cilindros del Dique 2, se utilice su estructura para establecer un emprendimiento hotelero, turístico, o de otro tipo. El tiempo dirá.

La Aduana

            La ciudad, desde su origen, tuvo un importante ingreso  para sus arcas a partir de la condición de puerto que le confirió primero la Colonia, y luego la Confederación Argentina. El orden establecido luego de 1853 vino a dar a la aduana de la ciudad una importancia que se sostuvo y profundizó con el auge del puerto de Cabotaje primero, y luego con el puerto de Ultramar. Como en toda restricción y gravamen para la exportación e importación de mercancías el comercio de contrabando restó crecimiento e ingresos genuinos. No obstante ello, la Aduana de Santa Fe se sostuvo y gravitó en los recursos pecuniarios del Estado.

       La historia de la aduana en Santa Fe, ya trasladada a la ciudad a su actual emplazamiento, aparece ubicada en el edificio de calle General López (antes 23 de diciembre) y 4 de Enero, construcción levantada en 1813 que fue a la vez cuartel y cárcel, como fuera detallado en la historia del Barrio Sur Colonial. Ese edificio fue demolido en 1895 y en su lugar se levanta la actual Legislatura Provincial.

     Con el desarrollo de la actividad comercial y portuaria en el puerto de Cabotaje en el noreste de la ciudad, la necesidad de ubicar en esa zona la Aduana se presentó como un requerimiento ineludible. Inicialmente, el primitivo edificio de la Aduana se ubicó en calle Rioja, casi llegando a Rivadavia, frente a la antigua Plaza Colón (hoy El Palomar), donde además funcionó la capitanía del puerto. Valentinuzzi dice al respecto: “…Por fin, en los últimos años de la década del 20, se construyó el actual local de calle Rivadavia, esquina la Rioja, acorde a las exigencias del nievo Puerto de Ultramar cuya operatividad en esos años, 1928-1929, batió los records de tonelaje embarcado y de navíos ingresados. El edificio se inauguró en enero de 1930 y, apenas habilitado, en él funcionaron la Aduana y otras reparticiones del Ministerio de Hacienda de la Nación”.

         En un trabajo de la Facultad de Arquitectura de la UNL se menciona sobre el actual edificio que “Por su magnitud y por los recursos expresivos utilizados, constituye una presencia diferenciada en su entorno, remitiendo en la  memoria de los santafesinos a aquellas florecientes épocas en que la proximidad de puerto y aduana eran sinónimo de riqueza y progreso para la ciudad”.

 

 

Avenidas como Ruta Nacional

            El cambio de fisonomía que representó la construcción del puerto para la ciudad, con la anulación del río Santa Fe, significó la apertura de dos avenidas que pusieron a correr vehículos donde antes navegaban embarcaciones. Ambas avenidas, 27 de Febrero y Alem, dieron también límite, conectividad y acceso vehicular a la zona portuaria. Este nuevo borde urbano trajo aparejado la consolidación de un límite al crecimiento de edificios y la trama urbana hacia el este. Antes fue el río, pero ahora con las avenidas, se comenzó a urbanizar ese espacio contiguo, lindante con el centro de la ciudad. Surgieron varios edificios, espacios verdes, reparticiones públicas.

            En este marco, y en el establecimiento de una Ruta Nacional para estas avenidas (RN Nº A007) que vincularía a la Ruta Nacional Nº 11 desde la salida del Puente Carretero con la Avenida Circunvalación “Mar Argentino” a fines de los 60’, se incorpora con un edificio propio la Dirección Nacional de Vialidad con su delegación en la provincia de Santa Fe.

   En la publicación especial del “Día del Camino” del año 2012, editado como insert por el diario El Litoral, el 7º Distrito Santa Fe de Vialidad Nacional mencionaba la historia del tradicional edificio sede de 27 de Febrero y Salta, justamente en ocasión de cumplirse los 50 años de su inauguración. Al respecto se señalaba que “…la construcción de todo el complejo de Vialidad Nacional en la ciudad de Santa Fe comenzó con la primera etapa de talleres y dependencias de la División Conservación, ubicada en el sur del predio, en la esquina de 27 de Febrero y Lisandro de la Torre. Esta parte inicial data de mayo de 1957, cuando en la playa de maniobras, se dejó también inaugurado el Monumento al Trabajador Vial, realizado por José Sedlacek, y restaurado en 2006 por Roberto Favaretto Forner”. Vale decir que al respecto el diario El Litoral del 14 de mayo de 1957 mencionaba sobre esta creación bajo el subtítulo “Alegoría al trabajo caminero” que “Es digno de destacar un motivo plástico emplazado en la playa de maniobras, demostrativo de cómo, con buen criterio, puede crearse una relación fundacional entre plástica y la arquitectura”.

        Tal como lo señalaba en esta publicación institucional Vialidad Nacional, “Fue en mayo de 1962 cuando el edificio sede quedó habilitado completamente, con la fachada que hoy luce en la esquina de 27 de Febrero y Salta. Eran tiempos donde uno de los padres de la Vialidad Argentina, el Ingeniero santafesino Luis María Barletta era el Jefe de Distrito. En la oportunidad, el diario El Litoral del 4 de mayo decía sobre el edificio: ‘Amplísimo, sin lujos innecesarios, pero dotado de todas las comodidades e instalaciones que hacen al cuidado del rendimiento y la salud del personal’…”.

        Diseñado y construido por el Arquitecto David Berjman, el edificio pasó por distintos avatares, especialmente en la década de 1990 cuando producto de políticas económicas Neoliberales Vialidad Nacional estuvo a punto de desaparecer, y con ello el propio edificio como sede de la repartición. Luego de 2003, políticas de Estado de fortalecimiento de organismos nacionales, como Vialidad Nacional, llevaron a la recuperación y puesta en valor del edificio que conserva el esplendor de aquellos años donde el segundo plan quinquenal del peronismo planteaba su construcción, y donde el Desarrollismo posterior finalmente lo concretó con la finalización de las obras de la sede del 7º Distrito en Santa Fe.

Alem y 27 de Febrero

     A fines de los 50 se ensanchó primero la avenida 27 de Febrero, que antes tenía la fisonomía de un bulevar con un importante cantero central. Se la amplió con la colocación de adoquines, lo que sumó más carriles de circulación para beneficio del transporte pesado relacionado a las cargas del puerto, a la par del movimiento de colectivos de media y larga distancia, dado que la antigua terminal estaba sobre calle Mendoza, entre 25 de Mayo y 27 de Febrero, frente a lo que hoy es el correo.

      Por su lado, la Avenida Alem también presentaba ese esquema de bulevar adoquinado con un amplio cantero central. En el inicio de la década del 60’ era motivo de obras de ensanche de la calzada. Del mismo modo, se resolvía por ese tiempo la intersección de ambas avenidas, frente al palomar, que dejaba una conectividad con Avenida Rivadavia, con similar movimiento vehicular al de hoy día, aunque ciertamente sin la presencia de las calles colectoras. Más adelante, allá por fines de los 70’, se pavimentaron con concreto asfáltico ambas avenidas, pero este material se colocó directamente sobre los adoquines, razón por la cual las deformaciones en la calzada eran habituales ante el paso de camiones que transitaban desde y hacia Entre Ríos por Ruta Nacional Nº168 y el Túnel Subfluvial, más allá de movimiento de cargas del puerto todavía en funcionamiento.

      La transformación final de 27 de Febrero y de Alem hasta llegar a su actual estado se materializó entre 2004 y 2005 con una obra licitada por el gobierno de la provincia a partir de fondos Nacionales venidos a Santa Fe con destino para obras de protección contra las inundaciones y para mejorar las condiciones de los barrios afectados por la entrada del Salado a la ciudad en 2003. Lo cierto es que recursos destinados a infraestructuras de seguridad hídrica en los barrios del oeste y el norte fueron utilizados en una zona donde no hubo viviendas afectadas ni evacuados. Las obras realizadas ciertamente beneficiaron la circulación y seguridad en la zona contigua al puerto, pero al mismo tiempo fueron en detrimento de solucionar problemas estructurales de anegamiento de barrios más postergados, destino original de esos fondos.

     Otro tema, recurrente en la historia, fue la arboleda de la Avenida Alem. Compuesta en su mayoría por añosas tipas, tanto en el año 1975 cuando por obras de instalación de una empresa estatal en el cruce con Marcial Candioti se retiraron unos 250 ejemplares, como cuando en 2004 y 2005 se talaron otro tanto de tipas por las obras que dejaron a la arteria con su diseño actual. En este último caso, vecinos, especialmente de Barrio Candioti, se movilizaron para intentar salvar la mayor cantidad de árboles posibles, cuestión que finalmente en parte se logró.

 

 

La Plaza Colón, la Plaza de las Palomas

         La Plaza Colón de la ciudad de Santa Fe, popularmente conocida como “Plaza de las Palomas”, por el palomar que se ubica en su baricentro, tiene una historia tan antigua como la del propio Puerto de Cabotaje de la ciudad, aquel de cuando las avenidas Alem y 27 de Febrero eran el riacho Santa Fe.

             En el espacio del Barrio del Puerto, además del Parque Alberdi se encuentran las plazoletas Suiza (en el cantero central de Avenida Alem, Rivadavia y 25 de Febrero) y la Batería San Jerónimo, en el triángulo formado por La Rioja, San Luis y Avenida Alem, donde se ubica una pieza de artillería y remite a la Batería construida en la desembocadura de la laguna Setúbal en 1810 u 1811, donde hoy se encuentra el Club Regatas, y que en la práctica, según lo relevado por Federico Guillermo Cervera, constaba en aquel lugar de una dotación de 200 hombres, con un hexágono cuatro cañones, donde se la conoció como “la batería de la Chacarita”, en alusión a los terrenos de los jesuitas que luego conformarían el barrio Candioti.

             Lo cierto que en la zona del puerto la plaza conocida popularmente como “de las palomas”, surgió como espacio verde junto con el ascenso al poder de la provincia del Brigadier Estanislao López, que para jerarquizar y dar fisonomía a la zona de la barranca de lo que luego sería el puerto de cabotaje, se estableció una plantación de árboles en el albardón que daría nombre al antiguo embarcadero como “de la Alameda”. Tiempo después, con la consolidación del movimiento portuario, se lo llamó “Paseo de las Ondinas”, sobre la propia calle Rivadavia hasta Rioja y San Luis, antes de ganarle terreno al río con la construcción del puerto de Ultramar.

            Dada su pertenencia geográfica fluvial la plazoleta fue nombrada popularmente como “Plazoleta del Puerto”, y en el plano de Gazzano de 1888 aparece como “Paseo del Puerto”, como figura en el Inventario del Patrimonio Arquitectónico Histórico Santafesino. El mismo trabajo de la FADU señala que en el 28 de julio de 1888 se denominó al espacio como “Paseo Garay”, y luego en abril de 1900 por disposición municipal “Paseo Colón”.

              En este lugar, en 1892, se erigió en conmemoración del cuarto centenario del Descubrimiento de América un obelisco con un globo en su extremo, pero cuando se rellenaron los terrenos para el puerto de ultramar el obelisco fue trasladado a Alem y Avellaneda. Y luego de culminadas las obras del puerto, para dar una nueva imagen a la ciudad, se llevaron adelante obras en este espacio verde tradicional ya para ese entonces. Primeramente se remodeló la plaza existente con “…arbolado perimetral, senderos de tierra y un anfiteatro con taludes, centro de frecuentes reuniones políticas”, según el trabajo de la facultad de la UNL.

Foto Diego Traid
Foto Matías Vogt

            Como fuera tratado en el capítulo de Barrio Sur Nuevo, en 1923 se proyectó que estos terrenos fueran destinados a la construcción de la Escuela Normal de Maestros, pero como se sabe ello no ocurrió y la escuela se levantó en calle Saavedra, entre Moreno y Monseñor Zazpe.

            Al igual que el Parque Alberdi contiguo, fue bajo la intendencia de Francisco Bobbio que se construyó la plaza con la actual fisonomía, más allá de algunos cambios puntuales. Desde el comienzo, el palomar en el centro sobre elevado del terreno, la gran pileta con su fuente y sus carpas de colores, la escultura de Cristóbal Colón autoría de Sedlaceck, dieron el aspecto relevante a una plaza obligada para pasajeros de barcos y trenes, para el recorrido dominguero de vecinos santafesinos.

              Ya en tiempos cercanos se incorporaron juegos de plaza infantiles para niños con capacidades motrices diferentes. Y pese a los cambios, siempre la Plaza de las Palomas, es el lugar de diversión para niños que compran por monedas las semillas que riegan por el piso para atraer las palomas, incluso hasta sus cándidas manos. Una postal de fotos digitales hoy, con celular o cámaras, pero al igual, antes tuvieron a los fotógrafos de la plaza de las palomas, con sus cámaras de caja de madera, con trípode, para sacar esas fotos familiares que aparecen en los álbumes de miles de santafesinos.

DON ANTONIO MITRI El artesano de la caja mágica, recordado fotógrafo minutero que retrató a miles de santafesinos junto a la jaula de las palomas durante la segunda mitad del siglo pasado,allí en la Plaza Colón de nuestra capital Santafesina.(Julio Monsi - Ecos Culturales Santa Fe)
Fotos e Historias del Barrio del Puerto

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